|
| |

Se importan fraudes bancarios /
Suplemento
La ausencia de leyes y la displicencia del sector bancario
estimulan a delincuentes extranjeros a cometer sus ilícitos en México. Este año,
los robos cibernéticos se multiplicaron en contra de cientos de personas , pues
la clonación de tarjetas bancarias es la especialidad más importada
Aquí sus delitos no valen nada. Por eso, Los Morochos, una
banda organizada de clonadores de tarjetas bancarias, decidió operar en México
en el caliente junio de este año. Caracas, de repente, se les convirtió en un
territorio pequeño.
Cuando cambió el siglo, este cuarteto empezó a vivir sus mejores días frente al
Caribe. En los informes policiacos venezolanos se les consideraba una plaga
maligna, de las peores que pueden asolar a un país.
Pero el 2003 había empezado maldito para el movimiento. La hazaña de robar
información precisa de los clientes bancarios, copiar el código de sus tarjetas
bancarias y después, extraerles dinero de sus cuentas sin dejar rastro de nada,
se volvió insignificante, llana, una acción poco valiente. En el mundo negro su
prestigio estaba amenazado. Habían surgido decenas de grupos dedicados al fraude
y la falsificación de dinero. Cada vez, más hombres se alquilaban como hackers y
armadores de equipos electromagnéticos. Otras bandas emularon a Los Morochos y
les quitaron su sitio de líderes.
Los Morochos lo que deseaban era la internacionalización. Un estudio corto y
simple de las leyes mexicanas les bastó para empujar el plan. En la Constitución
Mexicana no encontraron el riesgo de una condena larga en caso de caer en la
desgracia de la detención. Entraron al país en los primeros días de junio.
Traían consigo una máquina capaz de copiar el código de las tarjetas de banco.
Un equipo que le compraron a un armador en Colombia, el mismo con el que
iniciaron operaciones en Caracas hace casi cuatro años. El primer objetivo era
un cajero de Banamex en la colonia Roma.
****
“Clonar es un cuento sin fin. Tiene principio; pero no te imaginas cuándo se
puede acabar. Se supone que si la tecnología avanza, la clonación también
avanza. Para cada cosa que vas a hacer debes armarte de frialdad. Nada de tí
debe temblar. Necesitas una mente limpia, serena y tu cuerpo de lo más
tranquilo. No debes ser muy ambicioso. Se empieza ensayando, intentando en
cajero único. Después, cuando tienes la prueba de que tu método funciona, puedes
cambiarte de cajero; pero uno por uno y con pausas, sin dar muchas pistas de que
estás operando”, dice Olegario Sánchez, sentado en el patio de uno de los
reclusorios de la ciudad de México.
Se muestra en paz. Cuando recuerda su intento por conquistar los cajeros del
Distrito Federal con su máquina de clonaciones, el cuerpo se le estremece y en
esa cara suya de sonrisa blanca se marca algo de júbilo. “México era como una
espina que traía clavada adentro”, suelta.
“Usté verá. Aquí no conocen nada de nuestra máquina. Tampoco saben qué es
exactamente lo que hace un clonador. Lo de nosotros es un equipo moderno y
silencioso. Mide como 45 centímetros a lo largo, un poco menos que lo que abarca
un cajero. En el 2000 nos costó 50 mil dólares. Tiene adentro tarjetas de
plástico en las que queda grabada la información de la banda magnética de la
tarjeta original. Lo armaron en Colombia. Nosotros la tuvimos en Venezuela
durante tres años. Se requiere en verdad saber mucho de electromagnética para no
echar a perder una máquina como esa. Son equipos que cuestan caros, que hay que
tratarlos con mucho cuidado”.
A su lado, asiente otro de Los Morochos. Ichel, dice que se llama. Un poco de
niebla le aparece en los ojos. El relato lo continúa sin ningún rodeo: “El
objetivo fue un cajero de Banamex de la colonia Roma. Empleados del banco nos
vendieron información sobre el monto de cuentas. Los perfiles de los clientes
nos convenían. No había ni mucho ni poco. Eran clientes corrientes. Pusimos a un
lado del cajero el dispositivo. Seguía esperar a los clientes, hacerlos que
deslizaran la tarjeta por ahí y copiarla. El plan era hacer unas 10 tarjetas
diferentes en una mañana y desaparecer al mediodía. Dos de nosotros se irían a
Perisur a comprar y retirar dinero.
Después descansaríamos unos 15 días y pronto, a otro cajero”.
Los dos hombres, uno de 35 años y el otro de 30, hablan de la clonación de
tarjetas con la condición de no ser identificados. En su intrincado relato de sí
mismos usan sobrenombres. Pocos datos de ellos deben quedar claros porque su
estancia en prisión está a punto de concluir. Se irán inmediatamente de México,
afirman los dos. A estos morochos, a pesar de todo, el plan se les hundió aquí.
****
Como lo indicaba su maquinación, Ichel y Olegario se quedaron adentro del
cajero. En esos momentos sus otros dos compañeros emprendieron una marcha rápida
hacia la zona comercial Perisur. “Fue el momento más difícil de mi vida -
recuerda Ichel con la cara sudada-, simplemente, quién sabe de dónde, sentimos
que la policía venía hacia nosotros. Alguien que no quiere a los negros les
avisó que andábamos sospechosos”.
Había que retirar la máquina. Eran minutos cruciales en que sabían que la
policía estaba cerca y ellos requerían desactivar el equipo. ¿Alcanzaría el
tiempo? Estaban frenéticos en su lucha por llevarse la costosa máquina, sinónimo
de su inversión.
Descubrieron a un policía con cara de viejo que se les acercaba. El resto de la
banda quiso ir en su auxilio; pero vieron que la desgracia había caído.
Maldijeron en voz baja y se escurrieron por la calle de Medellín. A Olegario, el
policía se le encimó y empezó a torcerle la muñeca con gesto violento.
¡Te voy a matar, perro! -exclamó en su oído. Lo golpeó. “Luego llegó otro
policía. Nos quitaron la máquina y las tarjetas que habíamos logrado hacer. En
la delegación nos dijeron que firmáramos nuestro traslado al Reclusorio y acá
nos dejaron claro que nuestro delito era uso indebido de equipo
electromagnético. Pero, esto no lo va a creer, la máquina desapareció y las
tarjetas clonadas también. Quién sabe dónde se quedaron. Alguien le va a sacar
provecho a nuestra maquinita”.
Estos morochos saldrán en libertad por falta de pruebas y ausencia de denuncia
por parte de Banamex, el afectado. Nada respondió la dirección de comunicación
del banco cuando fue cuestionado sobre este caso. Los dos morochos han pasado
cinco meses en prisión. Si admiten que el destino quiso conducirlos hasta ahí,
también creen que su delito aquí es desconocido y que no vale mucho. Por
ejemplo, Olegario piensa en voz alta:“En México esto se puede hacer fácil sin
muchas consecuencias de cárcel”.
****
En el 2003 han ocurrido más de mil 500 robos a tarjetahabientes. Los bancos con
la mayor incidencia son en primer término BBVA Bancomer con 499, enseguida
Banamex. con 431 y después Bital con 268. El resto está repartido entre
Santander Serfin y Banorte. Por este delito los bancos y los clientes perdieron
el año pasado casi 700 millones de pesos, de acuerdo con los datos de la
Asociación de Banqueros de México (ABM).
No se trata de una tribu urbana. Los asalta bancos con pistola en mano que en
los noventa encabezaron los robos más suculentos, han disminuido en número y
fuerza. Este año, han ocurrido casi 200 atracos de este tipo y el monto asciende
a 10 millones de pesos. De esa cantidad, 108 fueron cometidos por un solo
individuo. En los informes de la Policía de Justicia del Distrito Federal, este
delito no está clasificado como delincuencia organizada.
Un hombre asalta-bancos, que llegó a ser millonario, integrante de la banda
conocida como de “El Guante Blanco” detenido en 1994, informó desde su reclusión
a través de una intermediaria que su método para saquear bancos “estaba
absolutamente rebasado” y predijo que a partir de ahora, robar sería una
cuestión computarizada.
Los clonadores son una estirpe con la estela del enigma y la protección del
secreto bancario. Su leyenda de éxito se basa en el desconocimiento de sus
acciones y en la falta de legislación que con precisión, marque la pena que
corresponde a su conducta ilícita.
En las últimas semanas de noviembre, 15 personas fueron detenidas por robo a
tarjetahabientes; pero la falta de pruebas dejó en libertad a 10 de ellas,
indican reportes de la Policía de Justicia del Distrito Federal.
El robo de datos para obtener dinero a través de documentos apócrifos está
extendido a los cheques. Según el registro de la Comisión Nacional de Defensa
del Usuario de Servicios Financieros (Condusef) en el 2002 ocurrieron 424 robos
a través de papel y en este año, hasta octubre, se investigaban 359 asuntos.
Esas cifras se componen sólo de las denuncias interpuestas ante el organismo por
los ciudadanos afectados.
Tanto el robo a tarjetahabientes como a dueños de cheques en México se persiguen
como fraude. El comercio organizado en la ciudad de México reportó que el año
pasado el 15.5% de sus ventas se realizaron a través de medios fraudulentos. En
estas operaciones, lo que predominó fue el uso de tarjetas bancarias clonadas,
según una investigación de BBVA Bancomer. En el 2001, el fraude se tipificó como
delito grave en el estado de México, el D.F,. Quintana Roo y Jalisco. En estas
entidades la frecuencia de robo detectada por la Procuraduría General de la
República (PGR)y la ABM era mayor que en cualquier otra.
Damián Canales, jefe general de la Policía Judicial del Distrito Federal, afirma
que “estamos ante la presencia de un ilícito cibernético que implica el robo de
datos. Para perseguirlo necesitamos verdaderas investigaciones que llevan mucho
tiempo. Ya no se trata de un robo a sangre y fuego. Aquí hay computación y
complicidad de los empleados bancarios”.
El policía y abogado que durante los noventa participó en operativos en contra
de asaltos a bancos expone que respecto a los delitos cibernéticos en México la
legislatura actual debe emitir iniciativas para que la conducta se adecue al
tipo de delito. “En estos momentos, no existe la descripción del delito sobre la
ley y este vacío permite la incidencia. Porque, cuando se persigue como fraude
aparece como elemento que confunde el uso de equipo electromagnético y de
acuerdo con la ley, no puede señalarse qué es indebido en este campo”.
En el 2001, el entonces subprocurador de Justicia Capitalina, Álvaro Arceo,
conformó el Departamento de Investigación de Robo a Cuentahabientes (DIRAC). Era
un equipo de 20 personas concentradas en la investigación de cada caso. Sólo
trabajaron durante 11 meses. De aquel esfuerzo en la Procuraduría no se conoce
mucho, incluso los resultados estadísticos del departamento no se quedaron en el
archivo. Canales expone que se trató de un esfuerzo débil que al final “no
cumplió con las expectativas”.
En estos momentos, no existe un departamento policiaco especializado en robo a
cuentahabientes.
****
Para Rafael Avante, director general jurídico y consultivo de la Condusef, “el
clonador no tiene el perfil del delincuente ordinario. En el ilícito hay
conocimiento y mucha preparación de por medio para utilizar equipos complejos.
Los mecanismos para robar han llegado del extranjero”.
Integrantes de la banda de Los Morochos dicen que en México hacen falta leyes
que castiguen el hecho de copiar tarjetas y robar. Creen que pasarán algunos
años antes de que el ilícito sea señalado y ratifican que para los clonadores
sudamericanos, este país es muy atractivo debido a “la falta de ley”.
Un documento de 1999 de la asamblea de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN) alertaba que de no unificar las legislaciones internacionales sobre
secretos bancarios, cada vez los delitos económicos serían más sofisticados en
los países en vías de desarrollo como México. El documento fue firmado por el
entonces procurador sobre fraudes bursátiles Reid Figel y la procuradora suiza
Carla del Ponte. Los dos funcionarios coincidían en un pronóstico: los delitos
seguirían a la alza mientras no existiera una eficaz cooperación internacional a
la hora de investigarlos y juzgarlos; pero también si las instituciones
bancarias no cooperaban.
La misma queja, cuatro años después, está fincada en México. Damián Canales, el
jefe policiaco, dice con un tono enérgico que las instituciones bancarias han
entorpecido el proceso para combatir los delitos que las afectan. Ejemplifica
que en los asaltos a mano armada se han resistido a invertir en su propia
seguridad con el argumento de que le corresponde a la Secretaría de Seguridad
Pública. “Los banqueros han hecho cuentas y consideran que es más barato que les
roben a poner mecanismos para defenderse y proteger a los clientes”.
Con insistencia, los directores de los bancos agrupados en la ABM han dicho en
forma pública que no desean que la sucursales sean escenarios de violencia y
muerte. Esa es su razón para impedir la entrada de la policía en el momento en
que se comete un robo con pistola en mano. Damián Canales, el policía, critica:
“Esa política ha impedido el descenso de la inseguridad alrededor de los bancos.
Mucho menos están listos para impedir el robo cibernético”.
Si existe un vacío legal, los bancos –según Rafael Avante, el director jurídico
de la Condusef-, “no están preparados todavía para combatir la clonación con
mecanismos que la contrarresten. Hacen lo que pueden. Han puesto cámaras y
alarmas; pero ante los números que describen los robos este esfuerzo ha sido
insuficiente”.
El mayor número de víctimas de robo a tarjeta se encuentra en BBVA Bancomer.
Beatriz Escalante (nombre ficticio), una joven trabajadora en una empresa
editorial, padeció en septiembre pasado una extracción duplicada. No quiere
saber más de los bancos y canceló sus cuentas.
En las dos ocasiones solicitó a BBVA Bancomer los datos del cajero donde el
delincuente realizó los retiros, quería ver la imagen tomada con la cámara.
El personal de BBVA Bancomer le informó que no podía brindar tal información.
Después, Beatriz Escalante recibió una llamada por teléfono. Del otro lado del
auricular, una voz le ofreció una tarjeta de crédito y enseguida le preguntó:
“¿Tiene usted problemas con el banco de algún tipo?”
“Esto sólo puede ocurrir porque existe colaboración de los empleados”, describe
el jefe de la policía capitalina. La banda de Los Morochos admite que de la
clonación de tarjetas no puede obtenerse provecho sin datos de los clientes y
para ello, la información debe ser comprada. El mismo Sindicato de Trabajadores
Bancarios reconoce la posibilidad de que algunos trabajadores estén involucrados
en el ilícito de robo a cuentahabientes.
Gastón Huerta, director de prevención de fraudes de BBVA Bancomer indica que la
institución tiene el control de los empleados que tienen acceso al banco de
datos; pero también expresa que “es muy probable que algunos de ellos estén
coludidos. En vender información no hay un código moral claro. Se les hace
fácil, no piensan que están cometiendo algo malo”.
El funcionario bancario expone que “este ilícito tiene que ver con la impunidad.
Hasta hace tres años el fraude no era delito grave en el Distrito Federal ¿Qué
riesgo corría el defraudador? No podía perseguirse con fuerza”.
Dice que BBVA Bancomer trabaja en la migración de tarjetas con código
electromagnético a un circuito electrónico o chip “con llaves muy seguras e
información encriptada. Va a resultar muy complicado tomar los datos”. El
mecanismo de traslado de tarjetas puede llevar dos años.
Los clonadores de la banda de Los Morochos dicen en el Reclusorio que ante el
chip no ha surgido nada que lo copie. Por lo menos, ellos no conocen un sistema
que clone la información contenida de esa manera. Piensan que si desean seguir
en el negocio de robo a tarjetahabientes tendrán que recurrir a instrumentos más
sofisticados. “Por lo pronto, perdimos nuestra máquina. Simplemente ya no
apareció”. Pronostican que como la tecnología, su delito evolucionará con una
máquina nueva.
Transacción realizada
1,500
Robos a tarjetahabientes en 2003
499
Robos a clientes de BBVA Bancomer
431
Robos a clientes de Banamex Citigroup
268
Robos a clientes de Bital
700 millones de pesos
Pérdida de clientes y bancos por estos robos
200
Atracos a sucursales en 2003
10 millones de pesos
Botín de estos robos
15.5%
porcentaje de las ventas en el DF realizadas con fraude
11
Meses que funcionó un área de la policía que investigaba estos robos
|